SOBRE LOS AUTORES
ENLACES Y COMENTARIOS SOBRE LA OBRA DE LOS AUTORES
CÉSAR CANTONI
Biblioteca UNLP de La Plata
https://catalogo.biblio.unlp.edu.ar/cgi-bin/koha/opac-search.pl?q=an:116799
Cesar CANTONI (por Juan Carlos Moises)
Querido César: me da gusto leerte, aprendo de vos. "El último hombre" es un hermoso libro. Son testimonios y reflexiones que apuntalan el reino de la subjetividad: acaso lo único que tenemos. Desde un yo indagador, inquieto, sobrevolás las preguntas últimas sin desapegar los pies de la tierra. Eso define todo un perfil poético. No condescendés a la elegía, nunca sos abstracto ni hacés de tu poesía un bibelot, pecado de muchos. Quiero decir: no perdés estatura humana. Siempre en diálogo con lo otro y con los otros; siempre, de algún modo, insatisfecho. Pero he aquí el premio: tu poesía, desde el primero hasta el último libro, configura una ciudad. Y en ella sos rey y mendigo: persona humana con todos los atributos. Te celebro como agradecido lector.
Rafael Felipe Oteriño
16 de septiembre de 2025
En "El último hombre", Cesar Cantoni vuelve a trascender la experiencia cotidiana para darnos pinceladas de una concepción de la existencia. A través de un lenguaje sobrio y preciso, a través de la ironía y una serena melancolía, Cesar abre puertas, inaugura abismos, propone alturas, que nos desafían a ver más allá. Y hay, también, una declaración de principios: el poeta elige por sobre todo la razón poética; encarna y siente en sí mismo los desastres de la guerra; no cree en profecías, pero arriesga un posible futuro "cerrado el ciclo antropológico".
"El último hombre" es la consumación de una actitud frente al mundo; la dignidad y la crítica, siempre con las alas de la lucidez, nos impulsan a la reflexión y el descubrimiento.
Leandro López
26 de septiembre de 2025
En "El último hombre", César Cantoni ofrece otra muestra de su estilo directo y definido, de sus textos agudos, irónicos, reales. De su lúcida capacidad para poner su atención plena en un hecho cotidiano y resignificarlo con poesía, hallarle nuevas dimensiones. Nos ofrece su pasado como un testimonio con que nos identificamos; nos cuenta sobre su familia, sus amistades, sus romances, sus lecturas, su niñez. Y siempre nos alumbra o nos aterra.
César cuestiona a Dios, los absurdos y las atrocidades de la historia, el arte falaz, la indiferencia ante lo natural y lo sagrado, las profecías incoloras, las acepciones de riqueza.
Todo con el mismo aplomo –sin negar los milagros de las maravillas más simples–.
César, a través de una sencilla imagen, señala el paso del tiempo y allí lo que perdura: "23 de febrero de 1951". Describe sin adornos un momento creativo y el contraste entre lo árido y adverso, lo crudo, con el calor de la pasión y la magia dorada del nacimiento de un poema: "Amanecer de invierno". Impone una sarcástica y ácida visión de un accionar habitual: "Génesis 1: 28". Las alteraciones en el hechizo del enamoramiento: "Mujer edénica". Un verso mordaz y sincero ─"Después, nos quedamos sin argumento y el guion fracasó"─ en un poema-testimonio: "Cinefilia". Ironía, comicidad y denuncia: "El poeta de la revolución". Y en "Video" juega con las definiciones de la palabra "plana". Y alude a lo mejor de Pavese en un contexto de, otra vez, una denuncia sarcástica: "Vendrá la muerte y no tendrá tus ojos". Y cambia su tono general, se vuelve grave y teje un final sensible y descarnado: "En medio de la guerra". Luego, fantasía y realidad se mezclan en un bello homenaje: "Mitología de la ribera". Y qué manera poética de decir la verdad de los sueños: "Momento en la plaza". Y qué manera de afirmar con sencillez su elección o destino en el mundo: "Credo".
Tal vez lo más alto de este libro se encuentre en la parte "Testimonios", donde César, con la elegancia y el talento que viene sosteniendo a lo largo de una excelsa obra, se posiciona como un hombre que expresa "la dura realidad, el paisaje común de cada día", "las temerarias condiciones de la época", "después de haber intentado la vida a cara descubierta".
Damián Andreñuk
9 de octubre de 2025
GUILLERMO EDUARDO PILIA
https://www.laarena.com.ar/caldenia/como-el-dios-que-gestaba-en-su-muslo-202515900
HORACIO PRELER (Por Augusto Munaro)
https://www.ellitoral.com/opinion/analisis-literario-penumbra-recuerdos_0_kcew5Rz9y4.html
JUAN PABLO BERTAZZA
https://porelcaminodepuan.com.ar/tres-de-un-par-perfecto-resena-de-la-revolucion-de-los-claveles/
RAQUEL SINELLI
https://fmfutura.com.ar/2021/04/22/raquel-sinelli-y-la-poesia-de-un-tiempo-suspendido/
LUIS MAGGIORI
https://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=460
LEANDRO LOPEZ
https://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=469
NORMA ETCHEVERRY (por Adrián Ferrero)
https://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=455
ARTICULO DIARIO EL DIA
https://www.eldia.com/nota/2020-3-1-6-50-43--y-sin-embargo-los-libros-siguen-naciendo--septimo-dia
AUTORES
ENTREVISTAS -LA BRÚJULA DEL SUR a cargo de la Prof.ra María Valdéz -2023
LUIS MAGGIORI
LEANDRO LÓPEZ
Revista DESDE ACÁ-CHASCOMÚS.
Conocí a Leandro en el encuentro de poetas coordinado por el Proyecto Hybris Ediciones en el Museo Pampeano de Chascomús. Llegué para escuchar una de sus poesías. El lenguaje, el estilo, la ruptura llamaron mi atención. Cuando la ronda de lectura hubo terminado se acercó a charlar un momento y me regaló su libro. No eran poesías. Era un tributo, podría decirse, a Kurt Cobain. En tono de biografía, Leandro integra su propia poesía a la de Cobain para contarnos la vida del músico. Cada capítulo va completando una trayectoria compleja y desencantada, a pesar de los éxitos. Los recursos metafóricos y musicales nos alejan del sonido arisco del artista, pero a la vez hacen cotidiana la existencia de un ídolo. No perdemos nunca de vista al homenajeado. Las palabras de Leandro sirven de enlace para que la ironía, el desencanto y las señales profundas de la obra musical dibujen una época, una generación (y las que siguieron).
La obra remueve tanto la lírica como la crudeza que caracterizaron las creaciones del artista. Las descripciones de la interioridad de Cobain revelan un acabado conocimiento y admiración para con el biografiado.
La cuidada edición agrega valor al contenido rico en imágenes y musicalidad.
Decidir describir la vida de un artista de una manera muy parecida a la que eligió para vivirla es un desafío que pocos se atreven a abordar. "Una devolución sincera, honesta, a alguien que me acompañó y me sigue acompañando con su arte", son las palabras de Leandro y esta síntesis representa un libro necesario dentro de la literatura dedicada a los artistas-músicos contemporáneos.
CÉSAR CANTONI
POESÍA "Música continua", antología personal del destacado poeta argentino César Cantoni
POR LUIS BENÍTEZ
Lunes 05 de junio de 2023, 12:11h
Proyecto Hybris Ediciones, de La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina, publicó recientemente la tan esperada antología poética del reconocido autor nacido en 1951, que como "bonus track" incluye en su selección poemas antes inéditos. Sin lugar a dudas, la voz del poeta platense César Cantoni es una de las más definidas e importantes de la poesía argentina de las últimas décadas. Tanto desde la óptica de la crítica especializada, dentro y fuera de su país, como por el favor alcanzado entre el público lector a lo largo de su prolongada trayectoria en el género, iniciada en 1978 con su poemario Confluencias. Casi medio siglo de aportar nuevos territorios al género en la lengua española, resume esta ajustada selección lanzada a librerías por el sello Proyecto Hybris Ediciones, realizada por el mismo autor, y que incluye algunas de las piezas más destacadas de nueve de sus poemarios editados hasta la fecha, más el aporte bienvenido de uno de sus títulos antes inédito en formato papel, El último hombre, que abarca 17 poemas. Música continua (1), tal se denomina esta colección de la obra de Cantoni, permite comprobar la evolución constante de su poética, comenzando desde Linaje humano (1984) y continuando la travesía por los logros alcanzados en La experiencia concreta (1990), Continuidad de la noche (1993), Cuaderno de fin de siglo (1996), Triunfo de lo real (2001), La salud de los condenados (2004), Diario de paso (2008), El fin ya tuvo lugar (2012) y Un arte invisible (2016), más el inédito antes nombrado. Se advierte cómo el poeta, a medida que fue seleccionando su material para esta antología -trabajo por demás arduo para quien ya lo conoce por haberlo realizado- fue incluyendo mayor número de piezas de sus títulos más cercanos al presente, señalando así con sus opciones de aceptación y de relegamiento la propia visión que tiene de su producción completa. Lo que contiene Música continua y lo que dejó sin incluir, posibilita conocer sus preferencias en cuanto a estilo y selección de contenidos, lo que sabiendo cuál es el volumen completo de su obra, aquellos que seguimos su trayectoria desde los comienzos podemos comprender mejor cómo se ve a sí mismo en cuanto fautor de una línea expresiva tendiente siempre a la precisión y la mesura, en un viaje continuado hacia la desnudez buscada de su afirmada poética. Cultor de una poesía despojada de metáforas meramente decorativas y de imágenes ornamentales, que le da invariablemente preferencia a la exactitud de la referencia y al agudo apunte de la realidad en tanto y en cuanto esta responde y se relaciona íntimamente con el discurso elegido por sus versos, el poeta que atravesó por las más variadas "modas de actualidad" en su dilatada carrera escritural, nunca se desvió del camino estético buscado, esa voz propia que alcanzó -esta es mi modesta opinión- del modo más efectivo en los contenidos de su poemario Continuidad de la noche, de mediados de la década de los '90, y que posteriormente siguió expurgando de influencias hasta alcanzar la plenitud que exhiben sus últimas entregas. Sin cometer el error de entender la poesía como mera representación de lo extrapoético -Cantoni no escribe "según los titulares de los periódicos"- el autor de La Plata lo que logra es atravesar las apariencias de lo que se nos presenta como lo real sin serlo, para extraer la médula misma oculta tras los sucesos y las circunstancias que afectan tanto a lo individual como a lo colectivo, integrándola a su universo personal de un modo magistral, sin caer jamás en los extremos de la tan actualmente difundida -ya hasta el hartazgo- "literatura del yo". Por el contrario: la voz narrante -que en poesía también la hay, aunque los poetas diestros como lo es César Cantoni saben muy bien cómo disimularla para potenciar prioritariamente aquello a lo que esa misma voz se está refiriendo- se opaca progresivamente en su obra, como lo hizo también en la poesía de su compatriota Juan Laurentino Ortiz (1896-1978)- para que las cosas, los hombres, los conflictos, la belleza y el horror, la efímera felicidad, el desasosiego y la esperanza, cada elemento en mayor o menor medida según el pulso elegido para cada poema, ocupen el primer plano. Sin embargo y felizmente, no podemos adscribir a Cantoni en la corriente neobjetivista que impregnó buena parte de la poesía argentina más publicitada por los medios locales entre fines de los '80 y mediados de los '90, aquella que buscó un padre adoptivo, para tener un aval previo, en la figura y los trabajos de Joaquín Giannuzzi (1924-2004). En este último la voz personal asoma aquí y allá, si bien esporádicamente, pese a los esfuerzos denodados de los neobjetivistas argentinos por hacerse a ultranza de su padrinazgo. En Cantoni el yo poético está contenido en lo que observa, no como en Giannuzzi, que procede muchas veces de modo inverso, apropiándose del objeto y revistiéndolo de sentidos trascendentalistas, un elemento que contradice de plano los postulados a los que se lo quería sumar como prestigioso precedente. Factor determinante que obviaron prudentemente los partidarios de esa corriente estética criolla, según la intentó definir el poeta argentino Daniel Samoilovich (1949): ""no se refiere a la presunción de traducir los objetos a palabras -tarea químicamente inverosímil- sino al intento de crear con palabras artefactos que tengan la evidencia y la disponibilidad de los objetos." (2) En vez, Cantoni atiende a que la evidencia y la disponibilidad de los objetos (y los seres y sus circunstancias también) vayan más allá de la condición de meros artefactos o dispositivos sintácticos, para que el toque de realidad impreso en sus versos tenga la misma contundencia expositiva que esos elementos tienen al presentarse ante nuestros ojos o nuestra capacidad de imaginación, con todas las consecuencias posibles para quien lo lee. Es decir, Cantoni no convierte nada en otra cosa que no sea ella misma, pero penetrada hasta el hueso y con el hueso expuesto a la luz misma de su poesía. Rara avis en el panorama poético nacional, Cantoni tiene asegurado un sitial destacado y perdurable como hito en ese horizonte, muchas veces plano o apenas ligeramente irregular, según las últimas épocas de lo sucedido en el género local. Una voz singular y dotada de una infrecuente coherencia a lo largo de sus 45 años de desarrollo hasta la fecha, que posibilita la lectura de Música continua como si en vez de ser una selección de textos provenientes de muy diversas épocas de la poesía argentina en general y de la poética de Cantoni en particular, fuese un extenso poemario de sólida estructura y ensamblaje perfecto, como escrito de una sola vez y para siempre.
NOTAS
(1) Proyecto Hybris Ediciones, ISBN 978-987-88-6351, 180 pp., La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 2023. (2) Diario de Poesía, Buenos Aires, Nº 14, verano 1990; pp. 18.
COMENTARIOS SOBRE LA OBRA DE CÉSAR CANTONI.
Han pasado unos cuantos años sin comunicarme con usted, pero en el interín he seguido con mucha atención sus publicaciones e intervenciones. En esta ocasión le escribo para comentarle que hace algunas semanas recibí con mucha alegría el envío de Música Continua, que la editorial me hizo llegar a casa. Había leído sus libros hasta Un arte invisible, por lo que esperaba con ansiedad encontrarme con algunos poemas de más reciente factura. La antología colmó ampliamente mis expectativas, tanto por la selección como por los últimos poemas. Encuentro una línea de continuidad en el tono y la temática, las obsesiones, y sobre todo una mirada despojada, por momentos irónicos y siempre lúcidos sobre la que se sostiene su poética. Me conmovió recorrer distintas etapas creativas y sentir que todas están a la altura de lo que a esta altura (valga la redundancia) es ya una obra, en todo el sentido de la palabra. Hay un universo Cantoni logrado, coherente, que el paso de los años no hace más que refrendar; y eso es lo máximo a lo que puede aspirar un escritor. Los últimos poemas, con referencias a la propia madurez y a lo que significa mirar la vida desde ese momento en particular, son notables. No caen en lamentos, nostalgias ni sensiblerías; por el contrario, son estoicos a su modo, reafirman lo que el joven poeta ya había afirmado, con el mérito de estar a la altura de ese ímpetu o valentía que a cierta edad es más sencillo de ostentar, pero que los años suelen ir mellando. "Los hombres de mi generación" es, desde su título, un verdadero testimonio, y más aún tratándose de una generación tan especial como la suya; su sobriedad y belleza pueden leerse como un lúcido epílogo de lo que fue una época tan compleja, exaltada por muchos y vilipendiada por otros tantos, a la vez que como un reconocimiento de las imposibilidades que la realidad pone en el camino de las aspiraciones y los sueños. Podría extenderme mucho más con los comentarios, pero no es mi intención abusar de su tiempo. Simplemente lo felicito y le agradezco por la posibilidad que me da a mí en particular de leer poesía de alta calidad. Le mando un gran abrazo y espero que sus cosas anden bien.
Con afecto. Juan Martín Suriani (Mendoza-República Argentina)
COMENTARIOS SOBRE LA OBRA DE CÉSAR CANTONI.
Querido César: llegó. Espléndida edición, buen título. Para recorrer tu obra, tu voz propia, eso que se denomina estilo, y ubicarte en el canon de la poesía argentina (lo que no muchos alcanzan). A fin de formar mi propio registro y evitar los lugares comunes del pensamiento hecho, comienzo a leerte de atrás hacia adelante. Y me encuentro con un poema soberbio, escrito en un lenguaje decantado, traspasado de experiencia, y por eso, fresco, vital, honesto, necesario: "Habanera". Qué dominio del motivo y qué maestría en la expresión. Conocés el peso de cada palabra y el mundo que todas ellas encierran. Me detengo aquí para seguir leyendo -como digo- de atrás hacia adelante. Otra de las virtudes de la poesía: desbaratar el tiempo. Te mando un abrazo, agradecido, Rafaelpd: muy buena la elección de Juan Carlos para el prólogo; es un hombre fino y lúcido.
Rafael Oteriño
Querido César has hecho una magnífica selección. Conocía muchos de tus libros y poemas como Aquí vivió Almafuerte o más antiguos como Los primeros gladiolos que sigue emocionándome. El Último Hombre ha sido una verdadera revelación para mí. Hemos estado cerca, con lecturas e intereses compartidos que seguramente, desde hace mucho y sin saberlo casi, podríamos haber discutido como dos buenos amigos que se frecuentan. Ojalá podamos hacerlo todavía más de una vez. Te felicito. Es una bellísima antología.
Osvaldo Picardo
REVISTA LITERARIA -HISPANIDADES-TALLER IGITUR-MÉXICO
EN LA CONTINUIDAD
Angela Gentile
Hace un año nuestra editorial Proyecto Hybris Ediciones comenzó a leer el libro de César Cantoni. Un volumen que reúne su producción poética desde 1984. Fecha estimativa, improbable, porque un poeta permanece en estado de poesía desde el primer contacto con la vida. Cantoni se las arregló para hacer su propia historia de su literatura, pero centrada en la poesía.
Todo el volumen es una especie de diatriba que analiza la posmodernidad desde sus cuadernos escritos en el barrio platense de Villa Elvira.
Eliot decía al respecto "Los literatos académicos fomentaron la idea preconcebida de que existe tan solo un género de crítica, la que se rige por las normas académicas que luego se publican en las 'actas' o en forma de folletín".
A lo largo de estas casi doscientas páginas Cantoni establece un diálogo con lo imprescindible: el lenguaje, dejando los análisis críticos en espera. Esto es una credencial para el lector que toma este libro entre sus manos y descubre que: los huesos (…) lo más digno de nosotros / no tienen la astucia ni la maldad del alma.
El poeta se habita a sí mismo y se deshabita con la misma rapidez con que sus palabras trazan un recorrido existencial que parte sin rumbo; pero aun así lo hace: un pequeño universo que se basta a sí mismo/ para desvelo de la mente absorta. La poesía que cuida las palabras, alimenta su propio cosmos. Se asume entonces una escritura que abre senderos hacia la esencia consciente: el camino deberás hacerlo solo.
¿Sentencia o advertencia? No hay respuesta exacta porque la existencia no lo es. Cantoni siente que: (…) y yo sentía que la poesía de todas mis horas/se confundía con esas carnes irredentas. El adjetivo seleccionado en este último verso es inofensivo en apariencia pero su misión es dialogar en todo el poemario con las lejanías y con aquello que está latente y predispuesto a desenmarañar esa Nada que nos detiene para filosofar sobre el tiempo (…) "para mí el fin del mundo tuvo lugar en el pasado" (…). El ayer va delante del lector en el día a día. Cantoni sin alejarse demasiado de los espacios visitados, de situaciones experimentadas escribe (…) ella está sola y nunca espera a nadie (…). Es quien escribe, el yo poético, el que está solo y en estado primitivo intuye la infinitud: (…) en la desolación atroz de la Vía Láctea (…)
El poeta Giacomo Leopardi elaboró un lenguaje para poder describir las afecciones del alma y de su espacio familiar, hasta transfigurar la vida en una meditación, en un reformular el paisaje cotidiano. Cantoni transmite un cierto pesimismo cósmico porque su obra invita a reflexionar sobre ciertos tópicos que atraviesan en su obra la existencia: el fin ya tuvo lugar.
Esta poética que juega con el "ser", recuerda una idea de María Zambrano refiriéndose a esa búsqueda, a tramos empecinada, en las obras que se apodera del lector; "Lo poético tiene ser".
En un poema se lee: (…) es así como mueren estos poetas:/yendo hasta el fondo de su desventura (…). Todo se precipita en los días, en estas páginas el poeta expone la vida en su tribal acontecer; pero teje la urdimbre del pensamiento: (…) benditos los que tienen razón porque nadie los escuchará (…) Estas líneas pertenecen a un poema que recurre a la anáfora para cristalizar desde la forma, la elocuencia de un decir que no alcanzará la beatitud porque se vive en un vacío constante. Se podría decir que se respira algo de Schopenhauer en la inalcanzable felicidad del hombre: (…) y los muertos suelen cambiar de ideas/más comúnmente que los vivos (…). No hay regreso posible, el poeta debe continuar como la música de este libro porque (…) la historia como se sabe, es nada (…) y el poesía necesita el lenguaje: (…) Entre la razón filosófica/y la razón científica,/ elegí a razón poética.
REVISTA LITERARIA -HISPANIDADES-TALLER IGITUR-MÉXICO
Música continua de César Cantoni
Guillermo Eduardo Pilía
Pese a que autores como César Cantoni o como yo tenemos ya más de cuarenta años de trayectoria, a veces nos da la impresión que todavía la crítica no estudió en profundidad a la generación argentina a la que pertenecemos. Hubo intentos, sí, que no a todos nos han dejado conformes. Alejandro Elissagaray en la introducción a su antología La poesía de los '80, arriesga que "Una posibilidad concreta para reseñar las características de los ochenta sería basarnos en las publicaciones de la época que albergaron a poetas con alguna afinidad de estilo, aunque como lo indica la marca de la generación, los logros en cada caso fueron bien disímiles. Con el transcurso del tiempo, la mayoría de los autores reunidos en un mismo grupo, generalmente con una revista literaria como portavoz, acabaron adquiriendo cierta envergadura y posesión de sus dominios estéticos cuando abandonaron aquello que los convocaba detrás de un aparente lenguaje común". Esta metodología es por demás controvertida y me parece bastante lejana a la realidad de la ciudad de La Plata, que siempre tuvo sus características propias. También Elissagaray intenta clasificar las corrientes que para él serían el setenta tardío, el experimentalismo, el neobjetivismo, el neorromanticismo y los independientes. En este último grupo podrían entrar todos los que quisieran, especialmente porque buena parte de la generación del 80 sigue viva y produciendo y quien más o quien menos ha ido modulando su voz de acuerdo a los tiempos que corrieron o que corren. En este sentido creo que César Cantoni no es una excepción, aunque la lectura de esta antología daría la impresión de una música continua, como su título lo expresa. Ya vamos a hablar de eso en breve.
Lo cierto es que los que pertenecemos a la generación del 80, los que comenzamos a publicar a fines de los 70, estuvimos atravesados por ciertas circunstancias comunes. A los escritores jóvenes tal vez les cueste imaginarse que usábamos la máquina de escribir y el papel carbónico, que cuando queríamos comunicarnos con un poeta de otra ciudad lo hacíamos por carta, que los encuentros y festivales que hoy son moneda corriente casi no existían, que la mayor trascendencia a la que se podía aspirar era a que nos comentaran un libro en alguna sección literaria de un diario capitalino, o al menos en el diario de La Plata, que se hacían muchas revistas a mimeógrafo y revoluciones literarias en cervecerías y cafés. Pero por sobre todas las cosas fuimos la generación de la dictadura militar, la que hizo que muchos tuvieran que callarse, irse del país o en el peor de los casos morir, la que nos obligó a hablar en forma sesgada o hermética, la que nos hizo cuestionarnos si después de la Escuela de Mecánica de la Armada, de los vuelos de la muerte, de los chicos apropiados podíamos seguir escribiendo poesía.
Cada uno sabe cómo hizo para exorcizar esos demonios. El caso de César Cantoni es bastante curioso, porque creo que él no recurrió a algunas fórmulas desde ya muy lícitas, como el escape hacia un ayer menos turbio, como fue el neorromanticismo al que Elissagaray citaba, o al hermetismo o a la proliferación verbal de algunos surrealistas, sino que siempre se mantuvo más o menos fiel a un modo de decir claro, directo, despojado. Yo coincido con muchas de las caracterizaciones que hace de la poesía de César Juan Carlos Moisés, en el prólogo del libro. Simplemente querría agregar, porque eso no está dicho, que había ya en La Plata un caldo de cultivo para ese tipo de poesía. Me refiero al primer Horacio Castillo, que nos limpió de pesada retórica a muchos de nuestra generación, a Néstor Mux, que también es otro caso de una voz sostenida en el tiempo, y a la parte central de la obra de Horacio Preler. De lo que llegó desde fuera de la ciudad de La Plata, uno tiene la tentación de mencionar a Joaquín Giannuzzi. Ya había escrito este nombre cuando encontré, no sé si con sorpresa o no tanto, que también lo citaba mi querido amigo Luis Benítez en una reseña sobre Música continua. Cito a Luis Benítez:
"Sin cometer el error de entender la poesía como mera representación de lo extrapoético —Cantoni no escribe "según los titulares de los periódicos"— el autor de La Plata lo que logra es atravesar las apariencias de lo que se nos presenta como lo real sin serlo, para extraer la médula misma oculta tras los sucesos y las circunstancias que afectan tanto a lo individual como a lo colectivo, integrándola a su universo personal de un modo magistral, sin caer jamás en los extremos de la tan actualmente difundida —ya hasta el hartazgo— "literatura del yo". Sin embargo y felizmente, no podemos adscribir a Cantoni en la corriente neobjetivista que impregnó buena parte de la poesía argentina más publicitada por los medios locales entre fines de los '80 y mediados de los '90, aquella que buscó un padre adoptivo, para tener un aval previo, en la figura y los trabajos de Joaquín Giannuzzi. En este último la voz personal asoma aquí y allá, si bien esporádicamente, pese a los esfuerzos denodados de los neobjetivistas argentinos por hacerse a ultranza de su padrinazgo. En Cantoni el yo poético está contenido en lo que observa, no como en Giannuzzi, que procede muchas veces de modo inverso, apropiándose del objeto y revistiéndolo de sentidos trascendentalistas, un elemento que contradice de plano los postulados a los que se lo quería sumar como prestigioso precedente. Factor determinante que obviaron prudentemente los partidarios de esa corriente estética criolla".
Ese rechazo del que habla Luis Benítez a la "literatura del yo" es una de las marcas más característica de la poesía de César Cantoni, tanto como su rechazo a la ornamentación, la retórica y la musicalidad silábica. Partamos de la base de que hay una enorme distancia entre el yo confesional de algunos poetas catárticos, a los que tal vez ni siquiera haya que llamar poetas, y el yo ficcionalizado que es propio del artefacto poético, para usar un término de los formalistas rusos. Juan Carlos Moisés utiliza, para referirse a la poesía de César Cantoni, una certera expresión de Fernando Kofman, la de "yo devaluado". En el siglo XIX, bajo el influjo del romanticismo, como se consideraba que la poesía era emanación del genio, se interpretaba la poesía a partir de lo biográfico y se llenaban huecos biográficos a través de la poesía. Si intentáramos aplicar este método tan poco científico a la poesía de Cantoni, poco podríamos decir. De los poetas de nuestra generación es uno de los menos autorreferenciales. Y en un reportaje explicó algo de por qué es así: "Cuando era chico —dijo—, escondía todo lo que escribía en la parte inferior de un diván. Nadie conocía mi secreto, ni familiares ni amigos. Mi timidez tenía que ver, entonces, con el pudor de mostrar los sentimientos (siempre he sido poco expresivo en este sentido). Pero también me atemorizaba la reacción que pudieran experimentar los otros al conocer mi afición por un arte tan singular y misterioso como la poesía. Aunque parezca absurdo, aquel temor no era en extremo descabellado: actualmente, cuando confieso que soy poeta, muchos me miran como si fuera tonto o estuviera loco. La timidez, por otra parte, no me "arrojó" a ningún tipo de poemas en especial. A la hora de escribir, carezco de prejuicios e inhibiciones y sólo procuro ser fiel conmigo mismo. La poesía constituye, en mi caso, una forma de sinceramiento que está por encima de todo".
Aún sin compartir todos sus criterios, con las críticas que se les pueden hacer a algunos de sus poemas o a algún libro, con complacencia o no hacia la voz que él creó, que es en definitiva suya y a la que debe rendir cuentas, es indudable que al hablar de César Cantoni hablamos de un poeta absolutamente coherente, que la aparente sencillez de algunos de sus textos encierra mucho trabajo y que está muy lejos de la pulsión a lo extrapoético que cultivan algunos a los que habría que preguntarles si realmente creen estar haciendo algún aporte a la poesía. Creo que el camino de César Cantoni es el inverso, el de transformar en materia poética cosas tan extrañas a la tradición como un frasco de insecticida o un micro de la línea 307.
Aún para los que leímos todos los libros de Cantoni, para quienes frecuentamos desde hace mucho tiempo su poesía, esta antología personal nos depara sorpresas. Todo lo que dije, de mi propia cosecha o citando a otros, sobre su poesía se puede ilustrar, ejemplificar, corroborar con textos contenidos en este libro. Para quien nunca lo leyó, creo que será una oportunidad privilegiada de conocerlo. Pero también hay que advertir que Música continua es una antología muy particular. Voy a decir por qué lo creo. En primer lugar, César Cantoni es antólogo de sí mismo. Esto marca una diferencia fundamental con los casos en que el antólogo no es el autor. Un antólogo que no sea el mismo poeta tratará de seguir un orden más o menos cronológico, espigar o hacer un florilegio, que tal es el sentido etimológico de antología, de los que considera los mejores poemas de cada libro, procurando dar una visión amplia, como sucede en una muestra retrospectiva de pintura. Si se le encargase esa tarea a dos o más personas por separado, seguro los resultados serían disímiles, con algunas coincidencias, esos poemas que en todo poeta resultan clásicos. Pero otra cosa distinta es cuando uno es su propio antólogo. Se puede actuar como los otros, pero también hacer algo más complejo, un libro que recoja poemas de diferentes libros, no de todos, pero a partir de un principio muy firme de unidad. Esa idea de la Obra con mayúsculas que tanto obsesionaba a Juan Ramón Jiménez. Creo que esto es lo que ha hecho César Cantoni, valiéndose de una implacable "arte cisoria", cortando los frutos en agraz, seleccionando los más maduros, cuidando que cada pieza no se molestase con las demás.
Recuerdo que César Cantoni me dio su libro una tarde, en Ensenada, cuando fuimos a hacer un homenaje a Octavio Prenz y a Horacio Castillo. Me lo dio muy en su estilo, casi a escondidas, como temiendo que me pusiera a mirarlo y le comentara ahí mismo alguna cosa. Lo fui leyendo de a poco, como se lee habitualmente la poesía. Pero cuando me propuso que hablara en su presentación, lo volví a leer de una sola sentada y sentí algo que hace mucho no me pasaba. Sentí que estaba leyendo un solo libro, que las separaciones eran anecdóticas, que del comienzo al final se escuchaba la misma voz, y por detrás de esa voz, de ese "hablante lírico", la presencia de alguien de quien tal vez se puedan decir muy pocas cosas, pero cada una de ellas honda y definitiva. Tal vez sea cierto que los poetas concebimos un solo poema, y que todo lo que hacemos no es más que escribir variaciones sobre ese poema que siempre permanecerá tácito. Lo cierto es que César Cantoni le dedicó la existencia a esa labor, y lo hizo a conciencia, con fidelidad, sin escamoteos. "Para mí la poesía es mucho más que un género literario —dijo—; es un acto de vida, algo imponderable que me sucede cuando escribo, una experiencia que trasciende la mera retórica de la escritura. La creación poética forma parte de mi respiración, es mi modo de ser y estar en el mundo, la única cosa capaz de ofrecerme algún argumento existencial". Abrir este libro es entonces un desafío a buscar esos argumentos de vida, esa manera de ser en el mundo, esa forma de respiración.
GUILLERMO PILÍA
ENTRE RECUERDO Y DESMEMORIA: LA POESÍA DE GUILLEMRO PILÍA
A diferencia de otros poetas que ven el poema como una piscina o un cuadrilátero, en los que se enfrentan deportivamente a él, Guillermo Pilía lo ve no como un círculo sino como un redondel que no es lo mismo, porque su geometría no es la euclidiana sino la del espacio en que transcurre y se realizan las artes y suertes del toreo. Véase , si no, las siguientes líneas de uno de su cuentos, "Quite a la sombra", en las que podría estar sintetizada su poética: "había pensado que no había mejor cosa en el mundo que lo que a tarde a tarde acontecía dentro del redondel", Pero el suyo no es el de la plaza sino el del poema, recorrido siempre por el tono de vibración elegíaca que lo atraviesa y que corresponde por completo a su propia voz y aun ritmo encadenante en el que el lector asiste a una forma de epifanía en cuyo centro late un íntimo fulgor de piedad tan virgiliana como religiosa. De ahí que la impresión que selectora deja no sea otra que lo que él mismo en un poema ha definido como "Lo que se queda allí". Sí: lo que se queda allí es e modo en que Guillermo Pilía asume todas las realidades del poema, ese espejo que nos devuelve la emoción de nosotros mismos convertida en palabra. Ese y no otro es su territorio natural, en el que él explora diferentes instancias e instantes de sí mismo, sometido al saqueo de la edad adulta y a las imágenes perdidas de todo cuanto ha sido su —y nuestro— rostro. De ahí que su escritura sea por completo numinosa y participe del infinito fondo del misterio sin renunciar nunca a la esperanza implícita en él. Uno de sus grandes poemas, "Los maestros", me ha acompañado siempre desde que lo leí. Y es que su poesía — como la de Rilke, inspirada en los saltimbanquis de Picasso— nos hace bailar sobre la cuerda, pero sin la red: nos hace estar suspensos en el aire y a la vez en el tiempo; nos hace estar suspensos en esa continua incógnita del yo, que en él no es drama sino sólo momento. Momento único y toral que ilumina siempre nuestra penumbra.
JAIME SILES
RAFAEL FELIPE OTERIÑO LA ESTÉTICA DE LO OCULTO
Angela Gentile-Todo Literatura, España, 2026
https://www.todoliteratura.es/noticia/62284/poesia/rafael-oterino-la-estetica-de-lo-oculto.html
La obra Ciudad Platónica de Rafael Felipe Oteriño es un libro de poemas que utiliza un tono introspectivo; podría decirse una estética de lo oculto. El poeta dialoga sobre algunos espacios, aquellos que Aristóteles denominara como retóricos, esas fuentes donde encontrar argumentos propios. Accederemos con la lectura a dos tipos de "topos". El primero será poético, donde la inmediatez, el presente, se hace visible en una especie de carpe diem; para proseguir con un locus amoenus: el bosque de La Plata, la casa, las mariposas, el lago, la hamaca o el arroyo Carnaval, entre otros; y, por último, la tristeza como espacio sensible donde se alberga la fugacidad.
El segundo topos es de corte filosófico, representado en el viaje de la memoria, pues el poeta permite que el lector sea parte de sus galerías internas, de sus laberintos, y pasar así a la búsqueda del conocimiento necesario para proseguir; finalmente, se hace necesaria la reflexión sobre la identidad y la existencia.
Esta Ciudad platónica se convierte en el topos del libro. ¿Será la ciudad ideal del poeta o existe mientras "continúa dentro del sueño"?
Esta patria espiritual que Oteriño lleva consigo, más allá de la ciudad física, es la ciudad de la mente, sin coordenadas fijas, donde late la memoria poética a través del kairós, tiempo oportuno y cualitativo donde la realidad se eterniza. Es una ciudad dual donde lo visible e invisible permite lo tangible e intangible, abordando la tensión de lo que permanece y lo que cambia. Ese poder acceder al espacio perdido es entrar en lo sagrado en su profanación. Agamben dice al respecto que "Profano —escribe el gran jurista Trebacio— se dice en sentido propio de aquello que, habiendo sido sagrado o religioso, se restituye al uso y a la propiedad de los hombres"[1]. Es así que Oteriño se desliza, viaja a través de la memoria y religa, conjugando espacios que aparentemente estaban separados: "sólo el corazón que continúa encerrado la recuerda". Entonces, siguiendo a Agamben, Oteriño profana el tiempo productivo con la poesía y se detiene ante "el amanecer en la estación de tren" o " la hija en la hamaca", recupera ese hacer cosas útiles y lo devuelve al sentir. La estética de lo oculto, ese claroscuro donde lo que no se ve es tan importante como lo visible, filosofía hermética que conecta lo profano y lo sagrado. De este modo, el poeta se permite entrar en el juego con esos espacios sagrados que solamente un niño se permitiría libremente; por ello, en poemas como "La infancia" o "Cantábamos", toma elementos de su ciudad natal, los trata poeticamente y de ese modo se permite profanar la seriedad de la adultez y, allí, recupera lo que fue a través del lenguaje y su ciudad ya no es la geográfica abstracción, sino el recuerdo sagrado que permite habitarla, ese lugar donde nadie puede ser desterrado según el epígrafe del filósofo italiano: "No se trata de encontrar el paraíso perdido, sino de notar que nunca nos hemos alejado de él".
NOTA
[1] Profanaciones de Giorgio Agamben (Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2013)
